
Cierro los ojos y mi alma embriagada me tortura.
El rojo de mi sangre no es el color del vino,
porque el alcohol es sólo el pretexto:
lo que ofusca la mente es el sentimiento
y el deseo de miel.
No hay noches sino una sola,
todas son la misma, dijo el poeta.
Sentado bajo el manto pululado de estrellas
descubro una pintura llamada eternidad.
Y no la puedo habitar.
La noche para el hombre es abierto relicario
donde se deposita lo que se quiere más.
Se guardan los suspiros, se guardan los temores
el mínimo sollozo ahí lo encontrarás
Las penas, los amores,
los cantos de esperanza,
las mímicas, la danza,
y tú en primer lugar.
El hombre, por las noches, no busca las sombras
sino la luz tenue de cada estrella:
que no encandila, ni corrompe, ni quema,
que apacienta, que calla, acaricia,
y deja estar en libertad.
El rojo de mi sangre no es el color del vino,
porque el alcohol es sólo el pretexto:
lo que ofusca la mente es el sentimiento
y el deseo de miel.
No hay noches sino una sola,
todas son la misma, dijo el poeta.
Sentado bajo el manto pululado de estrellas
descubro una pintura llamada eternidad.
Y no la puedo habitar.
La noche para el hombre es abierto relicario
donde se deposita lo que se quiere más.
Se guardan los suspiros, se guardan los temores
el mínimo sollozo ahí lo encontrarás
Las penas, los amores,
los cantos de esperanza,
las mímicas, la danza,
y tú en primer lugar.
El hombre, por las noches, no busca las sombras
sino la luz tenue de cada estrella:
que no encandila, ni corrompe, ni quema,
que apacienta, que calla, acaricia,
y deja estar en libertad.
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